Il mio diario: pensieri, osservazioni, racconti e leggende sul dogo argentino
8-1-2007 Il Dogo Argentino III >> >>
29-12-2006 Il Dogo Argentino II >> >>
18-12-2006 Il Dogo Argentino >> >>
8-12-2006 Parlando di “etica” >> >>
España
Hace poco mi amigo Pablo Marcote me ha invitado para juzgar en la Fiesta Doguera organizada por “Monterìa Criolla” cerca de Barcelona. Al amigo Horacio Rivero le tocaron los machos y a mi las hembras. Tengo que decir que el nivel general de las hembras que he visto ha sido muy elevado.En la Clase Abierta tuve que juzgar a 15 sujetos realmente extraordinarios y elegir las primeras tres no ha sido fàcil. Hubiera querido tener a todas aquellas 15 hembras en mi criadero. Por fin elegì a las que me parecìan màs funcionales para cazar y que por ende eran màs livianas, aùn conservando una buena conformaciòn y una robustéz formidable. Ganò una hembra de Mattia y Elsa Nardini, adelante de aquella presentada por Franco Cagnin y a otro ejemplar muy interesante, creo de orìgen Francesa (ver los resultados y las fotos que pronto publicaré en la pàgina). Otro ejemplar que me pareciò estupendo fué la cachorra presentada por Luka Koraca en la clase Mini-Baby. Si mantendrà lo que promete marcarà un ito en la raza.
Entre los machos poco o nada he visto, ya que eran menester de Horacio. Aquel que saliò como “Mejor Macho”, un sujeto de Mattia y Elsa Nardini, me pareciò bien proporcionado y funcional, seguramente superior, bajo el punto de vista de la funcionalidad, a los otros ejemplares. De refilòn pude observar a muchos perros cuerpudos, hermosos e impactantes pero muy pesados para realizar exitosamente el trabajo que todos los dogos tendrìan que realizar, o sea la Caza de Monterìa. Grandes cabezas, pechos fuertes, muslos poderosos: un pequeño ejercito de “Rambos”, que no sirven para seguir el rastro en el monte. Seguramente todos perros capaces de monstrar su coraje en un corral, pero la cacerìa en campo abierto es otro asunto y allì se necesitan ejemplares livianos. El peso es una limitaciòn que va mucho màs allà de las ganas del animal, quien puede tener todas las ganas y la valentìa del mundo, pero cuando està agotado se necesita un remolque para llevarlo. Por la tarde hubo una recepciòn muy bien organizada, adonde todos hemos bebido y comido ricas especialidades catalanas, en un clima de amistad y relax. Todo ha sido muy bien organizado.
Al dìa siguiente hubo una prueba de caza, en un coto de 40 hectareas cercadas, con 6 equipos compuestos por 4 perros cada uno. El paisaje de veras era muy lindo. Rivero y yo hubieramos tenido que juzgar a las varias jaurìas, de acuerdo a su capacidad de olfatear, seguir y acosar a la presa. Lamentablemente no hubo forma de juzgar a nadie, porque al dìa anterior habian entrado al coto los cazadores armados con sus Mausers, y no dejaron a un bicho vivo. Vimos mucha sangre en la tierra y hasta encontramos a 3 jabalies matados a tiros, pero que se moviera no vimos nada. Luego de mucho caminar tuvimos que renunciar. Evidentemente el dueño del coto nos engañò, pero seguramente no ha sido la primera vez, y tampoco serà la ùltima, que ese tipo de cosas acontesen. Todos salimos un poco desepcionados, pero creo que fué una experiencia ùtil, porque varios seguiràn buscando al chancho en el monte, mientras que otros optaràn por darle a sus dogos finalidades distintas, como vienen haciendo desde hace siempre. Hay espacio para todos; solo es cuestiòn de elegir si tenemos que seguir los dictàmenes de ANM, o adecuarnos al medio en el que vivimos y resignarnos a que el dogo se transforme en un perro distinto respecto a lo que fué en el pasado. Exactamente como pasò con todas las razas que no han sido utilizadas por las finalidades originales. Lamentablemente este proceso ya ha empezado hace muchos años y somos pocos aquellos que han tratado de poner un àrgen en contra de esa marea. Pero, si seremos muchos, la marea comenzarà a recular y siempre serà posible encontrar a unos dogos, aùn que pocos, que sepan realizar su trabajo original.
Esa aventura me hizo acordar de cuando, ya hacen màs de 35 años atràs, he sido invitado por el conocido baqueano Pedro Julian, a cazar en San Luìs, provincia que està a màs de mil quilometros desde Buenos Aires. Estàbamos en invierno y el frìo era notable, pero con mis fieles Chuck y Liz, junto con el amigo Martìn Urrutia, un aspirante play-boy quien querìa vivir las emociones de un weekend diferente de lo habitual, nos pusimos en marcha, con la vieja Ranualt 4, que rompìa un semieje cada 500 quilometros. Luego de varios problemas y sostas forzadas a lo largo del camino por fin llegamos a Villa Mercedes, adonde vivìa Juliàn. Dormimos en un sotano tapizado por jabalies eviscerados, colgando de sendos ganchos de carnicero, aplicados a las paredes. El sitio era una especie de heladera, adonde los jabalies eran puestos para estacionarse. Juliàn nos diò unas frazadas viejas que calentaban como hojas de cartòn y con Martìn tratamos de descansar un poco antes de la cacerìa, prevista por las primeras horas de la madrugada.
Para hacerla corta, caminamos un par de dìas sin ver a un solo jabalì. El terreno estaba lleno de rosetas y los pobres dogos vivìan tratando de sacarse las espimas de las manos, mientras que de olfatear al chancho no les importaba un bledo. Por la noche volvimos al campo base y comimos un asado escaso, ya que jabalies no habìamos cazado ni medio. Luego nos tiramos en la Renoleta juntos con los perros, para descansar un rato. Martìn y yo, para calentarnos un poco, estàbamos atrapados ùno del òtro como una pareja de novios en viaje de bodas. El problema era que ninguno de los dòs querìa darle la espalda al otro, hasta que al final le dije a Martìn: vos sos màs jòven y tenés que obedecer. Date vuelta!
Asì lo hizo y al fin pudimos descansar un rato. Por la madrugada nos pusimos nuevamente en marcha. Fué otro dìa al divino botòn. Parecìamos la “Armada Brancaleòn” volviendo decismada de las cruzadas. Cuando, por la tarde, nos pusimos en el coche para volver a Buenos Aires, no podìamos mantener los ojos abiertos, por lo cansado que estàbamos. Me tiré en el asiento de atràs y le dije a Martìn: tu eres màs jòven. Manejà vos!
Martìn, quien estaba acostumbrado a las noches blancas, me condujo milagrosamente hasta Buenos Aires, no sin antes haber arriesgado varias veces el pellejo de ambos, ya que a él tambien se le cerraban los ojos por el cansancio y, ademàs, en la ruta habìa caballos y vacas que andaban sueltos por la banquina y varios camiones viajaban sin las luces en los remolques. Cosas habituales en la Argentina de aquellos años y, por lo que entiendo, de hoy en dìas tambien.
Aquella experiencia negativa, de todos modos, no ha mermado mis entusiasmos. Luego de aquella desafortunada excursiòn, muchas otras han seguido con resultados a veces buenos y a veces escasos, pero mi entusiasmo para la monterìa sigue màs firme que nunca.
Este es el mensaje que quiero transmitirle a todos aquellos que se han sentido desepcionados por la prueba de monterìa en España, tambien si ya sé que muchos han apreciado las emociones de la busqueda y pronto volveràn a repetir esa experiencia, quizàs adaptàndola a sus jaurìas y al medio en el que viven.
Vamos adelante, no màs, tratando de mantener presente en nuestros dogos la aptitud para la cacerìa, aptitud que, caso contrario, pronto morirà para siempre.
Paolo Vianini
Spagna
Nei giorni scorsi sono stato invitato dall’amico Pablo Marcote a giudicare la Fiesta Doguera che l’associazione “Monterìa Criolla” ha organizzato nei pressi di Barcellona. All’amico Horacio Rivero sono toccati i maschi e a me le femmine.
Devo dire che il livello delle femmine viste è stato altissimo. La classe libera ha presentato quindici soggetti straordinari, per cui scegliere i primi tre classificati non è stato facile. Avrei voluto avere tutte quelle quindici femmine nel mio allevamento. Alla fine ho selezionato quelle che mi sono sembrate più funzionali per la caccia e, quindi, erano più leggere seppur ben conformate ed estremamente robuste. Ha vinto una femmina di Mattia e Elsa Nardini, imponendosi sulla femmina presentata da Franco Cagnin e su un altro ottimo esemplare, mi pare di origine francese (vedere le classifiche e le foto allegate). Un altro soggetto che in assoluto mi è parso di primissima linea è stata la cucciola presentata da Luka Koraca in classe Mini-Baby. Uno spettacolo, che se manterrà le promesse farà storia nella razza.
Dei maschi ho visto poco. Quello che è stato proclamato “miglior maschio”, un soggetto di Mattia e Elsa Nardini, mi è parso funzionale e ben proporzionato, senz’altro superiore ai concorrenti, cani comunque di sostanza, ma troppo pesanti per svolgere i mestieri per cui è stata selezionata la razza. Molti avevano titoli altisonanti e un impatto estetico notevole, con grandi capocce, muscoloni, petti alla Rambo. Roba da culturisti, che sinceramente apprezzo poco. Ho pienamente coinciso con la scelta di Horacio Rivero.
Dopo l’expo c’è stata una cena nella quale ci siamo ritrovati tutti, in un clima disteso e conviviale. È stato un avvenimento molto bello e ben organizzato.
Il giorno seguente c’è stata una prova di caccia sul cinghiale, organizzata in una splendida riserva, con quaranta ettari recintati. Rivero ed io fungevamo da giudici, per quelle che erano sei squadre, organizzate con quattro dogos ciascuna.
Abbiamo scarpinato tutto il giorno in mezzo alle spine ma abbiamo trovato solo 3 cinghiali morti ammazzati e una volpe, anche lei assassinata e in avanzato stato di decomposizione. Il fatto è che il giorno prima erano intervenuti nella riserva i cacciatori armati fino ai denti con Mauser provvisti di cannocchiale e hanno fatto una carneficina, non lasciando niente di vivo. Sul terreno abbiamo visto una quantità impressionante di sangue, lasciato dagli animali feriti. Una schifezza. Avrei voluto che ci fossero gli sporcaccioni che legiferano sulla caccia e che inorridiscono davanti alla possibilità di cacciare con cani e pugnale. Fargli vedere che noi, coi nostri dogos e i nostri pugnali, se riusciamo ad abbattere un paio di animali nel corso di una stagione siamo più che soddisfatti, ma altrettanto soddisfatti siamo anche se solo i nostri cani vedono il cinghiale e lo inseguono, senza prenderlo. I cacciatori convenzionali, invece, fanno delle mattanze, che a me sembrano un po’ come entrare in un pollaio e sparare alle galline. In poche parole, il proprietario della riserva, per altro un posto paradisiaco, ci ha malamente fregati. Ma non importa, perché i più si sono divertiti lo stesso, anche se di cinghiali vivi non se ne sono visti.
Quest’avventura mi ricorda quando, ormai più di 35 anni fa, venni invitato dal famoso cacciatore Pedro Juliàn per una battuta al cinghiale nella provincia di San Luis, a circa mille chilometri di distanza da Buenos Aires. Era inverno e faceva un freddo cane e con il vecchio Chuck e Liz, in compagnia dell’amico Martìn Urrutia, un aspirante play-boy che voleva assaporare un weekend diverso dal solito, ci mettemmo in viaggio sulla nostra Renault 4, che rompeva un semiasse ogni cinquecento chilometri. Dopo non poche peripezie giungemmo a Villa Mercedes, dove viveva Julìan. Dormimmo in una cantina, che aveva per tappezzeria una fila di cinghiali sventrati, appesi a frollare con ganci da macellaio. Julàn ci diede delle vecchie coperte che scaldavano come fogli di cartone e con Martìn cercammo di riposare, vestiti e perfino con le scarpe, quelle poche ore che ci restavano prima della partenza per la cacerìa, fissata per prima dell’alba.
Per farla breve, camminammo per due giorni su un terreno pieno di rosetas, una specie di bacca spinosa. I nostri cani passavano il tempo tentando di estrarsi coi denti le spine dalle zampe e di fiutare il cinghiale non ne avevano proprio voglia.
Arrivata la notte tornammo al campo base, mangiammo un asado non certo abbondante, visto che di cinghiali non se n’erano presi e poi ci mettemmo in macchina coi cani, per dormire un po’. Martìn e io, per scaldarci, stavamo avvinghiati come una coppia di sposini in viaggio di nozze. Il problema era che nessuno dei due voleva dare le spalle all’altro. Alla fine imposi a Martìn di darmi le spalle, dicendogli: tu sei più giovane e devi obbedire”. Così fece e potemmo riposare un attimo. All’alba ci rimettemmo di nuovo a caccia. Un ‘altra giornata a vuoto. Sembravamo l’Armata Brancaleone. Quando salimmo in macchina per tornare a Buenos Aires non riuscivo a tenere gli occhi aperti per la stanchezza. Dissi a Martìn: tu sei più giovane. Guida tu”. Martìn, abituato a fare le ore piccole, mi condusse miracolosamente a casa, non dopo aver corso alcuni pericoli, perché anche lui si addormentava alla guida e sulla ruta c’erano cavalli e vacche sciolti. E anche qualche camion, che transitava senza le luci del rimorchio.
Questa esperienza, però, non ha spento i miei ardori. Dopo quella sfortunata escursione ne sono seguite molte altre, quasi sempre positive, tanto che la mia passione per la monterìa persiste ancora.
Questo è il messaggio che voglio dare a chi si è sentito deluso per l’esito negativo della prova spagnola, anche se so che molti sono coloro che, nonostante tutto, hanno apprezzato l’emozione della cerca e torneranno a ripetere più e più volte questa esperienza, sino a trovare il modo e i metodi che meglio si adattano ai loro dogos e al territorio dove vivono.
Sempre avanti, quindi, cercando di mantenere viva nei nostri dogos l’attitudine alla caccia, attitudine che altrimenti presto morirà del tutto.
Paolo Vianini